Alea jacta est! jotacepeuve's Blog

Per aspera ad astra...

  • Decisiones en la vida
  • El placer de leer (*)

Alea jacta est!!!!

Publicado por Jean Carlos Portillo Viscarra el 7 noviembre, 2008
Posted in: Presentación. Tagged: Presentación. 11 comentarios

Pensando friamente

Hace tiempo que tenía la intención de hacer algo así, pero no me animaba, por varias razones. Me asaltaban varias preguntas ¿qué tendré yo que decirle la gente si no es lo que ya les digo cuando hablan conmigo?, ¿qué dotes tengo para decidirme a escribir?, ¿soportaré alguna vez que me critiquen alguna de las opiniones que vierta en estos escritos o incluso que comenten la redacción, la ortografía, etc.? Y a pesar de todos los “riesgos” que corro… aquí estoy. Y por qué no… si lo más que puede pasar es que lo lean mis más allegados, que lo critiquen ellos o simplemente que sólo escriba por escribir porque a nadie le llama la atención lo que acá se escribe… del suelo no paso.

Con la certeza de que no sé que resultará y de si alguna vez alguien se interesará por leer el contenido de estas líneas, comienzo un proyecto largamente acariciado y pensado.

En la génesis de esta idea han influido dos escritores quienes animan a sus lectores a poner por escrito sus cosas: José Ramón Ayllon y Susana Tamaro, español el primero, italiana la segunda. Del varón es “Palabras en la Arena”, libro de corte juvenil, una novela en toda regla, sabrosa como ella sola. Con él tuve el gusto de cruzar un par de mails para pedirle más consejos para escribir… nada nuevo bajo el sol: leer “en paleta”, emborronar folios a mansalva e imitar a mis escritores favoritos (conste que me han quedado grabados sus consejos porque no tuve que buscar en mis archivos para acordarme de ellos…). Aunque en su libro da un consejo también, aunque no explícitamente, sino por la forma de escribirlo: a manera de carta a una persona imaginaria. De “la Tamaro” el consejo también viene en esa clave, pues el libro que leí, y que fue el resorte que me hizo saltar a esta aventura se llama “Querida Mathilda” una amiga suya africana a quién le va escribiendo cartas y desarrollando el libro que habla de lo más importante: la vida misma.

Espero cumplir lo que me propongo. Si a alguien sirven estas cosas que escribo, decirle: gracias. A quienes alguna vez se asomen a estas páginas, bienvenidos y también gracias.

Termino con una frase latina que me gusta mucho y con la que vislumbro me animaré a continuar con esta locura: Per aspera ad astra!

jotacepeve


Palíndromo… curiosidades del lenguaje

Publicado por Jean Carlos Portillo Viscarra el 15 marzo, 2012
Posted in: Cuaderno de bitácora, Libros, Virtudes. Dejar un comentario

La definición del DRAE sobre esta curiosidad del lenguaje es:

palíndromo.

(Del gr. πάλιν, de nuevo, y δρόμος, carrera).

1. m. Palabra o frase que se lee igual de izquierda a derecha, que de derecha a izquierda; p. ej., anilina; dábale arroz a la zorra el abad.

Es interesantísimo ver los malabares que hacen gente versada en las letras y con imaginación y muchas ganas para encontrar esas curiosidades en nuestro lenguaje.

Es de veras ejemplar la conducta de los cazadores de palíndromos. Algunos son famosos, otros no. De los famosos  ”Chespirito” es uno de ellos: tanta ilusión le hacen que cuando abrió su cuenta en Twitter ( @ChespiritoRGB ) uno de sus primeros tuit fue precisamente “¿Saben que son los palíndromos? ” y a continuación tuiteó alguno que no recuerdo.

De los no famosos (al menos por estos lados) está un profesor, director de la Revista “Nuestro Tiempo” de la Universidad de Navarra en España: el profesor Pedro de Miguel (Piter para los cercanos). Pedro tenía un blog que iba actualizando, hasta su muerte prematura (51 años solamente) y publicaba en algunos medios cuando lo pedían, por supuesto publicaba en “Nuestro Tiempo”.

De esas publicaciones que él hizo, se realizó una selección de esos post y de otras publicaciones cuyo título tiene el mismo que su Blog, bastante original hay que decirlo: “Letras enredadas“ (haciendo referencia a que las letras que publicaban estaban en la “Red”, porque estaban en el Blog). En ese libro recopilatorio, hay un capítulo dedicado exclusivamente a los Palíndromos, aunque la verdad están esparcidos por todo el libro. El capítulo se llama: “Palindromanía” y no lo reproduzco entero, sino sólo los ejemplos que él aporta… verdaderas joyas. Por cierto: él dice que son de un “Carlos, profesor de historia”…

Dice que se pueden clasificar y así los reproduzco yo:

Los “Cortitos y contundentes”

  • Aminore, Jerónima
  • Elena, gánele

Los “Extraños”

  • Es Nerón en Orense

Los “Poco respetuoso con las Estrellas” (de Hollywood… se va a entender)

  • Orine, De Niro

Los “Intuitivos”

  • Zapear trae paz

Los “Reivindicativos”

  • Aten al planeta

Los “Sentenciosos”

  • Amor breve de ver, broma


Los de “Humor negro”

  • Añora la roña

Los que para Piter eran “los mejores son aquellos que unen la magia del juego de palabras al hallazgo de lo absurdo” y entre ellos destaca:

  • Adán remó con ropa por no comer nada
  • Alita sale con Ocón y no conoce la salita
  • No la bese allí: písela ¡hale!, si pilla ese balón


Seguramente cuando descubriste la perfección, sobre todo en los últimos tres, te reíste… de eso se trata: ríe ;) es un buen escape de preocupaciones, te mantiene joven y sobre todo hace la vida más agradable a los demás: Escápate!

Ríete... escápate: sé feliz  = )

Ríete... escápate: sé feliz = )

Steve Jobs

Publicado por Jean Carlos Portillo Viscarra el 9 enero, 2012
Posted in: Libros. Dejar un comentario

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Acabo de terminar de leer la biografía de Walter Isaacson sobre Steve Jobs. Un hombre polémico: unos lo detestan (sobre todo en el mundo informático), otros por el contrario lo idolatran (los apple fan).
De mi parte puedo decir que no lo idolatro, porque me parece que la personalidad que tenía está en total contraposición a lo que yo veo en un líder, es decir, para mí no es un San Steve Jobs; lo cual no quiere decir que no admire el legado que ha dejado (de hecho esto que escribo lo hago desde uno de sus productos).
No obstante, lo considero una persona apasionada al extremo: un fanático (otra razón por la cual no es santo de mi devoción), que podría parecer insensible a primera vista, pero que, por el contrario lo era en extremo, en contra del resto de personas, porque esa penetración de las personas que él tenía lo hacía poder manejarlas a su antojo (cuando así lo dejaban ellos mismos).
Lo que me gustaría resaltar no es tanto eso: la personalidad que tenía y las locuras que hacía, sino dos cosas en las que realmente coincido plenamente con él:

1. La pasión por los detalles: Jobs podía estar pensando en grandes planes y proyectos, pero no por ello descuidaba lo que para él era lo más importante de sus productos: las cosas pequeñas, lo detalles. Este aspecto es una constante a lo largo de toda su carrera y en todos sus productos.
Así son los grandes: pueden pensar en grandes cosas, pero nunca, nunca, nunca descuidarán los detalles. Esa pasión le venía de su padre adoptivo: “Según su padre, era importante darles un buen acabado a las partes traseras de los armarios y las vallas, aunque fueran a quedar ocultas. «Le encantaba hacer bien las cosas. Se preocupaba incluso por las partes que no se podían ver». Entre otros ejemplos que podemos encontrar de gente que ha pasado a la historia con grandes proyectos llevado cabo, pero que no por ello -todo lo contrario- han estado siempre pendiente de los detalles es Cortés que supervisaba personalmente los clavos que sujetaban las maderas en los barcos que utilizaba.
Jobs era un fanático del estilo Bauhaus, una tendencia de diseño industrial minimalista dentro de cuyos promotores estaba Mies y Gropius que dentro de las máximas predicadas por ellos se encontraban «Dios está en los detalles» y «Menos es más».

2. Para mostrar que era un tipo sensible basta ver también que cuidaba mucho de su familia, aunque su obsesión por el trabajo y el perfeccionismo, no siempre le dejaba todo el tiempo disponible para poder estar con ellos todo lo que es debido.
De esto, lo que más me gustó fue la carta que le escribió a su esposa en el vigésimo aniversario de su boda (una boda zen por cierto) y que refleja, como queda dicho, lo sensible que era:

“No sabíamos gran cosa el uno acerca del otro hace veinte años. Nos dejamos guiar por nuestra intuición; me hiciste flotar. Nevaba cuando nos casamos en el Ahwahnee. Los años pasaron, llegaron los niños, los buenos tiempos, los tiempos difíciles, pero nunca los malos tiempos. Nuestro amor y respeto han sobrevivido y prosperado. Hemos pasado por muchas cosas juntos, y ahora estamos en el lugar donde comenzamos hace veinte años —más viejos, más sabios—, con arrugas en el rostro y en el corazón. Ahora conocemos muchas de las alegrías, de los sufrimientos, de los secretos y de las maravillas ola vida, y seguimos aquí juntos. Mis pies nunca han vuelto a tocar el suelo.”

Sólo una persona sensible y apasionada podría escribirle algo así a su esposa el día de su vigésimo aniversario de boda (?), un idealista, un romántico… de esos que quizá van quedando pocos hoy en día.

Un libro interesante, muy recomendado, no sólo por la calidad en que ha sido escrito, sino porque puede uno sacar las cosas buenas, aún de las malas y aprender de ellas.

Sebastián

Publicado por Jean Carlos Portillo Viscarra el 3 enero, 2012
Posted in: Conocerse, Cuaderno de bitácora, Sebastián, Virtudes. 3 comentarios

Hora de levantarse. El acontecimiento que, salvo cuando se es niño y llega Navidad, uno puede llegar a detestar más que ningún otro. Algo que desde que el hombre es hombre ha sucedido cada día ¿por qué no nos terminamos de acostumbrar? Como dice una canción por allí, parece como si las rayas de la pijama fueran las barras de la cárcel a la que uno accede cuando apaga el despertador que suena cada día.
Esos eran los pensamientos de nuestro personaje esa mañana fría de diciembre en que se despertó. Aunque esa mañana también era distinta, como lo venían siendo desde hace ya unos meses, por la sencilla razón de que ahora le encontraba un sentido superior a ese acto tan común y hasta vulgar de despertarse y levantarse por la mañana ¿Hay algo más vulgar que levantarse por la mañana cuando da vergüenza hasta que lo vea la propia mamá de uno? Mientras terminaba de hacer sus oraciones se distraía con ese pensamiento: ahora hay un motivo superior, trascendente: ya no es el hecho de ir al colegio, al trabajo o la universidad; el regaño o la gritada que le pueden meter a uno. Ahora lo hacía porque queria, porque sabía que ese acto tan vulgar y trivial podría convertirse en algo distinto: lo fortalecería a él haciendole dueño de sí mismo, al tiempo que lo llevaba a elevar las miras. Pensaba que además eso de ser dueño de sí mismo era la primera condición para poder darse a los demás porque pensaba “Nadie da lo que no tiene” y si uno quiere darse de veras, pues lo mínimo que tiene que ser es dueño de sí mismo.
Todo este rollo lo llevaba clavado porque en un tablón de anuncios… ¿O fue en Twitter, Facebook o Google+…? No lo recordaba, pero sí que le quedó grabada la frase: “No se puede confiar en un hombre que tiene miedo a un baño de agua fría en una mañana de invierno” y claro que no podía confiarse en una persona así… Si no es capaz de vencer en eso ¿qué podrá esperarse cuando un amigo lo necesite? Definitivamente él quería ser una persona en la que puede los otros pueden confiar, él quería ser leal, pero para ser leal a los demás, se debe ser leal a sí mismo: si se había planteado levantarse a una hora determinada sin conceder ni un minuto a la pereza, pues ¡Hala! ¡Arriba!
Lo tremendo fue cuando llegó a la ducha y recordó aquello de Dumas: “”Si el corazón padece es porque, dilatado en demasía al fuego de la esperanza, entra a ver cara a cara el hielo de la realidad.” Y vaya si estaba “helada” el agua… eran dos pensamientos que no lo dejaban: “No se puede confiar en un hombre… cara a cara el hielo de la realidad” Ja! vaya si no estaba helada el agua. Resolvió pues por ir a más… abrió el grifo y sin decir agua va, se metió debajo del chorro frio de agua sin rechistar…

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Feliz Navidad

Publicado por Jean Carlos Portillo Viscarra el 24 diciembre, 2011
Posted in: Cuaderno de bitácora. Dejar un comentario

A veces las palabras sobran y me parece que por ello esta vez no diré mas que lo que dice mi tarjeta de Navidad ¿Que mas agregar ante esas palabras del Papa?
Deseo que todos los que esto lean pasen una Feliz Navidad y un Año 2012 lleno de muchos frutos, mas lucha y muchas bendiciones.

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La época más bonita del año se está acercando…

Publicado por Jean Carlos Portillo Viscarra el 2 diciembre, 2011
Posted in: Cuaderno de bitácora, Videos. 2 comentarios

Y por eso el Blog se viste de ésa epoca: como pueden ver ha comenzado a never en él y para irnos poniendo a tono comenzaremos a compartir cosas que pueden servir para calentar motores y así vivir al máximo la Navidad.

¿Quieres disfrutar de verdad la Navidad? Pues hacete niño, muy niño, que los mayores son aburridos al dejar de creer que el Niño Dios es quien trae los regalos y que Santa Claus les ayuda a repartirlos. Pero para disfrutarla como es debido no se puede perder de vista el motivo principal y primordial de esta Fiesta: el Nacimiento del Niño Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre “Et Verbum caro factum est!”

Acá el primero =)

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Y después ¿qué?

Publicado por Jean Carlos Portillo Viscarra el 20 noviembre, 2011
Posted in: Cuaderno de bitácora, Varios, Virtudes. Dejar un comentario

Ya lo decía Messori en ese libro muy recomendado “Apostar por la muerte”:

“Vamos mal, porque de esto que llamamos vida, nadie saldrá vivo”

Y eso, que puede sonar a perogrullada, no lo es en absoluto.
Si de algo podemos estar seguros es que un día, no se sabe ni cuando, ni cómo, ni dónde, colgaremos los tennis, dejaremos de estar en este mundo y… ¿y? Acá está el meollo ¿y? Pues todo depende de cada uno, de cómo ha vivido, en qué ha creído, en qué ha esperado, pero sobre todo cuánto, cómo y a quién ha amado.
Ya podemos darnos cuenta de que al hablar de la muerte el cariz que adquieren todas las palabras son de pregunta se abre el famoso “¿” y quién sabe dónde y cómo se cierra “‘?” incluso las palabras que se usan: cuándo, cómo, dónde, cuánto, a quién, todas tienen el tono de interrogación. Es paradójico ¿verdad? aquello de lo que podemos tener certeza absoluta como es la plena seguridad y certeza de que nos vamos a morir, no tiene respuestas definitivas… al menos desde el punto de vista racional. Para encontrar las respuestas, lo repito de intento, es necesario ver en qué se ha creído, en qué se ha esperado y cómo, cuánto y a quién se ha amado.
Hablar sobre la muerte hoy no está de moda, no obstante que acá en El Salvador, nos hemos llevado la calificación (no importan acá los matices) del país más violento a nivel mundial ¡Vaya premio de consuelo!
La vida nos lleva de un lado a otro y nos pone lejos de imaginar que nos va a tocar a nosotros. No obstante, el negocio que nos jugamos, es muy grande, por lo tanto, es casi obligatorio la reflexión sobre cómo llevamos la vida.
Las ansias de permanencia, la búsqueda insasiable e incansable de la felicidad y tantas otras cosas racionales, al menos a mí, me hacen pensar que la cosa no termina acá. Si a eso le agrego las verdades de fe en las que creo, definitivamente hacen que busque con todas mis fuerzas (que en la mayoría de veces son bastante escazas) pasar por esta vida siendo lo más feliz que pueda y como primer paso buscar dónde está la felicidad que tanto anhelo.
Sobre lo anterior dos frases: “El Cielo está hecho para los que han sabido ser felices en la tierra” y la segunda: “Dónde está tu tesoro, allí estará tu corazón”.
Son demasiadas cosas las que hay para hablar sobre la muerte, a propósito de este mes de noviembre en el que, los católicos al menos, conmemoramos y pedimos especialmente por esos hermanos nuestros en la fe que ya no están con nosotros. No me atrevo a sugerir nada, pero ¿No es verdad que ante semejante precio nos tomemos un tiempo para pensar sobre “el tema”?
Hasta la próxima.

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El cuadro de tu vida

Publicado por Jean Carlos Portillo Viscarra el 18 octubre, 2011
Posted in: Conocerse, Cuaderno de bitácora, Relatos, Virtudes. 2 comentarios

Cierra el cuadro... mira que si no se te puede escapar la fuerza y consistencia de la vida por ahí.

Una perogrullada: para que haya un cuadro deben existir 4 lados, porque de lo contrario aquello no serían cuadro, sino otra cosa.
Tradicionalmente la pintura se ha reflejado por medio de cuadros: esas representaciones de cosas de la vida o de la imaginación del artista que nos muestran lo que el autor vio o sintió al contemplar aquella parte de la realidad o de su fantasía.
Nuestra vida es eso, un cuadro, que nos toca ir pintando día con día. A veces nos quedan pinceladas maestras y en otras tenemos borrones tremendos que nos da pena que se vean. Ese cuadro por tanto tiene cuatro lados: a veces tres de esos lados lo ponemos nosotros; en otras ocasiones ponemos solo uno porque los otros lo ponen nuestros padres y el otro nuestros hermanos; en otras ocasiones les toca un lado a la familia y otro a los amigos, conocidos y compañeros de trabajo. Pero hay un lado de ese cuadro, que podríamos decir que es el de abajo, el que sustenta o fundamenta lo demás, que no debería de faltar nunca… y ese: es Dios. Pero pasa muchas veces que es precisamente el que dejamos de lado.
Cuantas veces nos detenemos en solo una de las partes de ese cuadro, la de arriba (mi soberbia y yo) y los lados (la familia y los amigos) pero dejamos de lado para cerrar ese cuadro, que por eso no entendemos, el que da el sustento de todo y que por tanto da el sentido al cuadro: Dios. Confieso que en mi vida me ha pasado muchas veces esto y solo cuando uno (de dar unión) los cuatro lados y pongo a Dios en el lugar conveniente es cuando comienzo a comprender bien esa parte de mi vida, es cuando más disfruto el cuadro de mi vida. De hecho, esta entrada se inspira porque acabo de cerrar un cuadro, acabo de terminar un cuadro que ahora me toca contemplar y apreciar para poder valorarlo en su justa medida, para poder maravillarme y… ¡enough! que acá las palabras sobran.

Me dijeron hace poco por Twitter que eso de “El cuadro de mi vida” suena a cuadricularse la vida y contesté que no, que es más bien tener enfoque y encuadrar bien las cosas, sin por eso ser cuadriculado. Me dijeron que preferían los círculos y dije que bien… pero que con el círculo como visión, uno pierde ángulos interesantísimos, precisamente porque se carece de ángulos. Es decir lo que intento decir es que hay que encuadrar la vida y enfocarse… dejar de ver la vida por una pajilla y comenzar a ver las cosas como un cuadro, tú cuadro, más aún: ¡tus cuadros!
¿Un reto?: traten de cerrar ese o esos cuadros que todavía no han terminado y se maravillarán al contemplar, eso de lo que venimos hablando: “El cuadro de tu vida”. 

Encuadra tu vida, no pierdas el enfoque, pero no seas cuadrado. En la vida, más que marchar: hay que bailar ;)

Septiembre

Publicado por Jean Carlos Portillo Viscarra el 15 septiembre, 2011
Posted in: Ciudadanía. 2 comentarios

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No basta con que hayamos celebrado las fiestas patronales en agosto, también es necesario que celebremos las fiestas patrias, esa fiesta cívica que nos ayuda a recordar la unidad como nación y que por tanto nos ayudan a lograr los objetivos en común… eso al menos en teoría, porque la práctica no siempre es así.
Pero da la casualidad que este mes de septiembre sí que hemos tenido una de esas circunstancias que nos han unido como nación y que nos ha hecho gritar de alegría ante y olvidar, aunque sea por un momento, la triste realidad que nos toca vivir. La Selecta de Playa nos ha recordado lo orgullosos que nos hace ser salvadoreños y poner, al menos en nuestra mente, ese slogan pegajoso de una campaña publicitaria de que “si volviera a nacer, volvería a nacer salvadoreño”.
Unos muchachos profesionales (nada más hay que ver los resultados) que con un esfuerzo grande han logrado que se nos quite la etiqueta del “país inseguro”, del “país de las maras”, del país con terremotos y etc. y nos han dado a conocer como gente luchadora, gente esforzada, gente también de fe (véanse las imágenes de los muchachos abrazados y juntos como una piña al final de los partidos dando gracias por lo logrado y que en cada uno de los goles lo ofrendaban y dedicaban al Todopoderoso), gente que quiere dar lo mejor de sí, en fin gente que se siente orgullosa de su país y está dispuesta a dejar en alto el nombre de El Salvador.
Eso es ser buen ciudadano, dejar en alto de verás el nombre del país y esforzarse por hacer de él una imagen atractiva, atrayente.
No digo que participar de un desfile o colgar la bandera de la puerta de la casa o en una de las ventanas del carro no sea ser buen ciudadano, son muestras y señales y es algo bueno; pero obras son amores y no buenas razones: ser buen ciudadano es hacer el trabajo que nos corresponde día a día, sin que alguien tenga que estar detrás de nosotros para hacerlo; ser buen ciudadano es respetar el derecho ajeno, pero también ejercer el propio y luchar por él, porque ese derecho se vuelve en obligación cuando hay que defenderlo; ser buen ciudadano es pagar impuestos, no botar basura en la calle; es cumplir las leyes y reglamentos de tránsito; es conocer la propia historia y gozar con aquello que más nos identifica, sabiendo distinguir entre lo bueno y lo malo, escogiendo aquello y desechando aquello.
Gracias Selecta de Playa, gracias muchachos, son unos grandes por recordarnos, justo en este mes de septiembre qué es ser un buen salvadoreño.

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Los niños: sabios. Capacidad de asombro: fijarse.

Publicado por Jean Carlos Portillo Viscarra el 7 agosto, 2011
Posted in: Conocerse, Opinión, Relatos, Varios, Virtudes. 5 comentarios

Las apariencias engañan... los niños son sabios porque saben fijarse más que uno...

Dos anécdotas que tienen por protagonistas a dos niños. La una me la contaron personalmente, la otra me la encontré en la “tuitosfera”.
La primera es de una niña que está jugando con dinero: quiero decir que tiene en sus manos unos billetes y está jugando a la cocinita como suelen hacer las niñas.
Su mamá se da cuenta de ello y se entabla el siguiente diálogo:
- ¡Hija!: no juegue con esos billetes que son sucios…
- Pero mamá -responde cándidamente la criatura que no pasa de 5 años- Tú has dicho que el dinero sirve para comprar cosas, así que no puede ser sucio, porque sirve para comprar.

La segunda viene de un niño: ha ido a una acampar con sus compañeros de Plan de Vacaciones. Se han ido al cerro “El Pital” en temporada de lluvia y como tal comienza a caer el diluvio universal versión 2.0. Como es lógico los niños terminan empapados comenzando la noche. A las 6:00 pm el agua ha cesado y como habían pedido los organizadores, los niños hacen uso de su ropa de cambio. Pero he aquí que comienza nuevamente a las 8:00 pm otro diluvio, todavía con más furia que el anterior, el resultado es claro: todos los niños terminan empapados hasta los tuétanos, con frío, lo que desencadena, como un efecto dominó, el “home sick”… llamadas por celular, llantos, mocos, tensión… Todo pasa, logran refugiarse en un comedor de los alrededores y a dormir lo que se pueda.
El regreso fue de todos los niños dormidos en el bus. Cuando el protagonista de esta historia regresa a casa, su papá, que cuando pequeño también tomó parte de esas aventuras, le pregunta:
- ¿Y cómo te fue?
- Bien… sólo que me empape todo y hacía un frío terrible y me sentí muy mal… me dio mal de montaña (el conocido en otras latitudes como soroche, por los montañeros).
- De verás? ¿Y qué sentías?, ¿Por qué decís que te dio mal de montaña?
- A pues porque yo lloraba y lloraba y no paraba de llorar…

De las dos saco una conclusión a las claras: para aprender, a los adultos nos hace falta la capacidad de asombro, esa característica de los niños que van aprendiendo de lo que ven.
La primera es una lección poderosa de sabiduría: el dinero no puede ser sucio porque sirve para comprar… la inocencia no ve con retorcimientos lo que puede llegar a provocar el cochino dinero. Verdad pura y concentrada con una perspectiva clara, diáfana y sin prejuicios.
De la segunda: lo más simples podrán llamarle eufemismo, pero en realidad es una explicación poderosa de un tipo sui generis del “Mal de montaña”: Si aquello me hace llorar, significa que es un mal y si ese mal me da en la montaña, pues seguro que ese es el mal de montaña.
Las apariencias engañan y no me cabe duda que los niños, con su simplicidad y su candidez nos dan unas lecciones impresionantes de cómo ver la realidad. Las apariencias engañan dije y debajo de esas criaturitas fascinantes que conocemos como niños, se esconden sabios, sabios que ven la realidad como estrenandola, sin dobleces, sin componendas, sin malicia y por eso conocen más y mejor que los adultos.

Capacidad de asombro... como lo dice la leyenda de esta foto ;)

¿Quieres te demuestre que nosotros no nos fijamos bien y que no conocemos a fondo las cosas?: vuelve a mirar la foto de la mano, la primera de esta entrada y me darás la razón de que no te fijas bien en lo que ves, en lo que conoces.
Hasta la próxima.

Educere… o la importancia de saber estar

Publicado por Jean Carlos Portillo Viscarra el 9 julio, 2011
Posted in: Opinión. 13 comentarios

Educere o la importancia de saber estar

Tenía tiempos de querer escribir sobre el tema, pero no me decidía. Lo hago ahora, justo cuando de acuerdo, a la prensa escrita británica, aparece la noticia de una suegra “endiablada” (aunque para algunos todas lo son), que le quiere dar cátedra a su futura nuera sobre educación. Llama la atención el “boom” que ha habido, sobre todo porque ahora, los modales no están muy de moda. Me parece que es por un error de apreciación: confunden naturalidad con la espontaneidad y le quieren llamar naturalidad a la ordinariez, espontaneidad a la chabacanería.

Más que actos de naturalidad y espontaneidad se trata de actos de barbarie. Esta última palabra es la que da la pauta para determinar que la mala educación es más bien una barbaridad (un acto de barbarie) y no un acto espontáneo, porque una persona que no está educada, por deducción (palabra por cierto relacionada con la raíz latina de educación) es una persona bárbara, lo contrapuesto a educada o civilizada. La educación es lo que define lo que debe hacerse, de lo que no debe hacerse, porque me permito recordar, como bien lo han dicho colegas míos en otros lados, que no todo lo que se “puede hacer”, se “debe hacer”.

Educación viene de “educere” palabra latina que significa: sacar algo de otra cosa. Con la educación se procura por tanto sacar fuera de uno lo mejor de sí, aquello por lo cual nos distinguimos de las bestias y de los bárbaros. Por supuesto que la educación es más difícil que la horteres, puesto que lo espontáneo es lo que nos sale así, sin esfuerzo, mientras que la educación es algo cultivado, aprendido y asimilado poco a poco: desde el hogar de familia, pasando por la escuela y si se quiere (siempre es posible) con la autoformación o las clases de refuerzo, en un proceso que dura toda la vida y que con la práctica llega a convertirse en algo que sale natural. Si no me cree haga un experimento:

La sandía sabe muchísimo mejor si la comemos con la mano... pero no todo lo que se puede hacer, se debe hacer ;)

coma solo durante algunas semanas y luego díga en su casa que se fijen en su manera de comer para que le corrijan: le confirmarán que parece mozo del medioevo en plena campaña de guerra con lo aborasado que come y lo mal que maneja los cubiertos y el menaje. ¿Más pruebas? ¿A que usted en la intimidad de su cuarto hace cosas que en público no haría porque parece grotesco?: se vendría

Si no se comporta, el resto de la gente lo verá así =P

a parecer al de la foto que acá pongo.

Educación y elegancia van de la mano. Elegancia es saber elegir: dentro de todas las posibilidades que tengo de actuación, elegiré la que más se adecúa a lo que se espera de mí, al momento en concreto y a las situación. Pero elegancia es también -y esta definición me gusta más- fuerza contenida: una persona elegante es la que sabe guardar la compostura, la que no se sale de sus casillas, no obstante dejar bien a las claras que no está de acuerdo con esto o aquello, pero con educación, con elegancia… aunque parezca que redundemos.

La otra razón que me ha llevado a escribir sobre esto es el descubrimiento que he hecho de lo insoportable que me resulta una actitud que se ha puesto de moda y que me parece que se debe corregir: el de las personas que quieren ser el apio de todas las ensaladas, la sal de todas las comidas, aquellas que aún cuando no se les ha preguntado su opinión vienen y te la sueltan con una autoridad académica de miedo. No caigamos en ese defecto que lo único que consigue es poner en evidencia la falta de educación, pero sobre todo el complejo de superioridad que tenemos, en dos palabra: la soberbia.

¿Qué actitud tomar ante este tipo de personas? Depende, como casi todo en la vida. Si se trata de una persona que nos quiere bien, pero que se mete en todo, mal haríamos con no decirle y advertirle de ese defecto que tiene: con cariño, pero con firmeza. Si, por el contrario, se trata de un auténtico metido: 1) No pierda su compostura y no se rebaje a su nivel; 2) Que le resbale el comentario porque usted no lo pidió; 3) Déle el beneficio de la duda a esa persona y piense que si lo hace es porque le aprecia a usted y cree que puede ayudarle con el consejo, aún cuando usted sepa que esa persona no sabe todas las circunstancias que rodean su situación; 4) Deje a las claras lo agradecido que está por el comentario, pero haciendo ver que por el momento lo deja de lado porque no viene a cuento.

Quien piense que la educación y los buenos modales es para gente amanerada, quizá piense así por dos razones, a saber: 1) o es de veras un guarro de los pies a la cabeza, o bien; 2) porque ya piensa haber perdido la batalla de la educación: más le valdría no llegar lejos en la vida, que cuando se presente en sociedad le darán un poco de clases y no precisamente con educación: si doy ordinaries me tratarán como ordinario; si soy educado, me tratarán educadamente, se me respetará o al menos el patán de enfrente se lo pensará dos veces antes de demostrar sus dotes de impresentable.

No hay nada como una persona educada: el buenos días, las gracias, el por favor, el mirar a la cara cuando se habla, todo esto tiene un precio: la educación y la elegancia. Ojalá no caigamos en esa pésima costumbre de la mala educación. ¿Comentarios?

Hasta la próxima.

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